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lunes, 15 de julio de 2013

¿Existe de verdad el porno feminista? (tomado del suplemento S Moda, de El País)

¿Existe de verdad el porno feminista? Hoy varias realizadoras escriben y producen películas X. Su llegada a la cúspide se traduce en un nuevo cine adulto que persigue respetar los derechos de los actores y mostrar placer genuino. María Ovelar 14 de julio de 2013 08:00 h. Para muchos, no existe. Es una entelequia. El porno feminista es tan X como el resto del género. Y punto. No necesita ser catalogado. O tal vez sí. Sus defensores lo describen como un movimiento, un concepto y una filosofía. «Es más que porno hecho por y para ellas», dice la realizadora Tristan Taomino. «Se trata de un circuito antirracista y anticlasista que desafía las convenciones y las normas sobre la sexualidad. Se dirige a un público que quiere ver sexo ético, consensuado por todas las partes», sentencia. Y aboga por el respeto de los derechos de los actores, incluso cuando ruedan géneros extremos como el gonzo o el hardcore. Las cifras desmienten los estereotipos. El sexo explícito gusta a las féminas. Una tercera parte de los adultos que ve pornografía online son mujeres, según la medidora de audiencias Nielsen. Y cerca de 13 millones de estadounidenses lo consumen al menos una vez al mes, según la cadena CNN. En Francia, más de lo mismo: el 82% de las mujeres y el 99% de los hombres aseguraron ver porno en un sondeo reciente del instituto IFOP. El estudio Hustler Video (parte del imperio de Larry Flynt) va más allá: el 56% de sus clientes son chicas. Más datos elocuentes: Candida Royalle, realizadora del género, despacha 10.000 cintas al mes. Nada mal en un época donde casi nadie paga por el ocio. Y en Holanda triunfa Dusk!, un canal porno solo para ellas. «Las actrices siempre han sido las estrellas. Para la prensa y el público, son ellas las más reconocibles, aunque ha habido excepciones, como Rocco Siffredi», opina la actriz porno Stoya. La estructura está mutando; a las mujeres no les basta con protagonizar las cintas, ahora también quieren llevar la batuta. Cada vez hay más que se ponen detrás de la cámara, escriben, producen… «El mainstream sigue monopolizado por hombres, pero hay más chicas inteligentes e íntegras en puestos de influencia. El porno está provocando una revolución cultural», opina la directora Erika Lust. «El mainstream es predecible, se trata de una fórmula manida: aparecen muchas mujeres, pero sus orgasmos no se ven porque solo importa el masculino. Las escenas clásicas terminan con un plano de semen. Es un error, porque la sexualidad masculina es más compleja y porque este cine convierte a la mujer en objeto. Pero el problema no es el porno, es la sociedad. El cine X refleja una cultura sexista, clasista, racista, homofóbica y transfóbica», nos explica Maxine Holloway, de 28 años y responsable de la web Cum & Glitter. Y añade: «El porno machista triunfa, pero las cosas están cambiando. Si ofrecemos calidad, la gente se vuelve exigente». Tiene un poso académico. La mayoría de los impulsores del porno feminista ha ido a la universidad y muchos escriben. De hecho, se acaba de publicar The Feminist Porn Book (The City University of New York), un ensayo firmado por varios catedráticos. «El objetivo de los directores es forrarse. Las realizadoras tenemos un bagaje cultural y llegamos al sector con objetivos diferentes: queremos transmitir un mensaje, divulgarlo y cambiar mentalidades. Nuestra inteligencia sexual y emocional suele ser mayor que la de ellos», argumenta Erika Lust, responsable de Lust Films, su propia productora. «Con mi obra, hago política y educo. Plasmo mi filosofía en cada escena y creo un cine que destierra el egoísmo y con el que se identifican hombres y mujeres». Esta sueca afincada en Barcelona, politóloga y políglota, acumula siete películas, 13 premios y cuatro libros. La feminización de los estudios de cine X –todavía tímida– arrancó hace 10 años pero tiene sus raíces en los años 80, con cineastas como Annie Sprinkle, antigua prostituta y doctorada en Sexualidad humana, y Nina Hartley, capaz de enganchar a miles de fans con cintas teóricas sobre el sexo. «El boom se debe a Internet y a la reducción de los costes de producción, marketing y distribución», tercia Lorraine Hewitt, directora creativa de The Good for Her Feminist Porn Awards, unos galardones con ocho ediciones detrás, más de nueve países representados y 500 asistentes al año. «Cuando los fundamos estaba claro que existía un nicho, pero faltaba repercusión. También echábamos de menos una definición. En estos años hemos aprendido que no se trata de una fórmula encorsetada: las cintas feministas tienen un ritmo, un tono y un contenido diferente». ¿En qué coinciden? «Mujeres u otros colectivos como los trans participan en la producción y dirección. Son obras éticas que muestran placer genuino; es decir, los actores se corren y disfrutan. Este cine sí pone cachondo». Para algunos, es puro marketing. «Se trata de un planteamiento comercial y oportunista. Se me ocurren cientos de filmes que tratan sobre los mismos temas y que no se catalogan así. Las etiquetas deben responder al sexo practicado, porque el objetivo es excitar, y cada uno necesita estímulos diferentes. El porno feminista es minoritario, cada vez más mujeres compran el de toda la vida», razona Juli Simón, director del Festival Internacional de Cine Erótico de Barcelona. El catalán no es el único que pone peros al movimiento. «Tener vagina no te convierte en directora feminista. El cine adulto es comida rápida, por eso el porno feminista es una paradoja», argumenta a S Moda Gail Dines. Esta activista antiporno y catedrática de Sociología empezó a luchar contra la industria hace 30 años. «El género es más violento hoy que hace tres décadas, se ha tansformado en fenómeno de masas y la sociedad se ha sexualizado. Me encantaría ver imágenes sexuales y feministas, pero no se producirán jamás porque no son rentables». Pero ¿qué hay de las intérpretes del porno en clave femenina? No son las típicas actrices X, con cuerpo de bisturí. Escriben, graban discos, posan en campañas de moda y actúan en Hollywood. Su precedente es Sasha Grey, una californiana que saltó a la fama gracias a la serie de televisión El séquito y que ha actuado para Steven Soderbergh (The Girlfriend Experience) y Nacho Vigalondo (Open Windows). Conforman una nueva categoría, una insospechada especie dentro del gremio. La de la actriz-marca. Stoya rueda cine X durante 46 días al año. Su estudio, Digital Playground, le paga por no hacerlo durante los 319 restantes. «Mi antiguo compañero de piso me hizo unas fotos para unas webs de chicas en toples. Le pedí que las guardara porque no sabía si me iba a arrepentir. Al final me animé», nos cuenta. Entonces tenía 19 años. «Dos años después firmé un contrato con Digital Playground. Buscaban actrices tipo Sasha Grey. Alucinaron con el éxito de mi primera película X, no se lo esperaban», afirma. Es una rara avis. No le gusta tomar el sol, cita a Hunter S. Thompson en las entrevistas y organiza happenings donde lee novela erótica mientras la masturban. «Me encanta escribir y actuar y eso me ha ayudado a construir una marca», admite. Viste de Vivienne Westwood, escribe en la revista Vice y firma ensayos sobre sexo en Tumblr. Su artículo en The Guardian, sobre la normativa que obliga a los actores a llevar condón en los rodajes de Los Ángeles, fue sonado (suma más de 500 comentarios). «Entró en vigor en enero. Es absurda. Desde 2004 se han rodado 350.000 escenas sin preservativo. No ha habido casos de sida. Nos sometemos a exámenes de enfermedades de transmisión sexual cada 28 días. Cuestan 180 dólares (138 euros). Si hay alguno que da positivo, se anula la filmación. Los beneficios de la productora Vivid bajaron un 15% cuando empezaron a usar las medidas de precaución; si los ingresos disminuyen, los sueldos también, y no se podrán pagar los 4.500 dólares (3.454 euros) anuales que cuestan los tests». Jessie Andrews es otra estrella de las redes sociales. Y del porno. Esta californiana de 21 años suma más de 50.000 seguidores en Instagram; cerca de 140.000 en Twitter y más de 22.000 en Facebook. «Una amiga mía trabajaba como extra, me comentó lo que ganaba por enseñar las tetas. No lo dudé, me motiva el dinero y me da igual lo que piensen de mí», afirmaba en Vice. Ha transcendido a la industria. Muchos de sus fans no han visto sus filmes. Es modelo, dj e it-girl. Su línea de bisutería, Bagatiba, se vende en Topshop, tiene una colaboración como diseñadora con Hype, ha sido imagen de American Apparel, posado para Terry Richardson y rodado un videoclip con Miley Cyrus. Pero el intérprete de porno feminista por excelencia no es una mujer. Es un hombre. Porque el cambio de mentalidad no debería entender de géneros. James Deen, de 27 años, es famoso por susurrar palabras calientes al oído de sus compañeras de reparto. Y por negarse a rodar escenas que menosprecien e infravaloren a la mujer. Este californiano también dirige y produce películas. Su blog recibe más de 10.000 visitas diarias, muchas son de adolescentes que lo veneran como a Justin Bieber. Deen es el novio de Stoya. Juntos forman el tándem comercial perfecto. Ya ha dado el salto a Hollywood: el actor protagoniza The Canyons, de Bret Easton Ellis, cuyo estreno podría producirse este año.

martes, 18 de noviembre de 2008

Besos que matan, besos que marcan


El vampirismo es un fenómeno cultural antiguo y prolífico cuyos relatos no dejan de actualizarse para incluir figuras, metáforas, imaginarios y representaciones que seducen, aterrorizan y fascinan a las sociedades contemporáneas. Entre las características destacables se encuentran los besos del seductor nocturno, poderosa arma de seducción masiva, de ellos hablaremos hoy

Tanto en la novela de Bram Stocker como en la misma película de Francis Ford Coppola hay una gran frase que resume bien la fascinación que ejerce la figura del vampiro en las sociedades contemporáneas: “El tiempo es mi aliado”, dice en cierto momento el Conde Drácula.

Fascinación que se ha acrecentado con el tiempo, como un virus que se ha expandido por contagio en el interés colectivo. La revisión de las distintas representaciones del “mal” a través del tiempo son testimonio de los cambios en las preocupaciones, valores y esperanzas sociales y culturales en torno a figuras claves como la sangre, la fuerza, la muerte, la seducción y la sexualidad, todas ellas presentes en la figura de un solo personaje: el vampiro. Personaje que en su actual representación cinematográfica heredada directamente del filme de Coppola ya no es un personaje maldito, sino una víctima solitaria, loco de amor, que al final solo desea la redención, cansado de la vida – y de la muerte.

Recordemos que los relatos sobre seres sobrenaturales básicamente son narraciones populares que se cuentan exprofeso para maravillar y dar miedo o esperanza. El vampiro es, tradicionalmente, una figura que representa el mal cuyo valor simbólico es el miedo a ser condenado a ser gobernado por las fuerzas elementales; la sexualidad, la seducción, la muerte en vida, la fuerza bruta y a deambular por la noche... como alma en pena. También mezcla esperanzas colectivas no siempre confesadas de forma abierta pero latentes en el relato; el deseo de la inmortalidad y el rejuvenecimiento, la belleza del personaje, su irresistible poder de seducción, la noche como 'territorio de caza', de origen noble y título respectivo, por tanto alguien con dinero y sin preocupaciones 'terrenales' (tanto en sentido metafórico como literal).

Otra característica del vampiro, del vampirismo, radica en que su mayor acto de seducción como realización, como fruto, es la succión de la sangre en el cuello. De hecho, esa es su especialidad. Para entonces la víctima se entrega sin oponer resistencia y su manifestación física inmediata es, primero, la vivencia del acto como un orgasmo. Por cierto, recordemos que los franceses le llaman también al orgasmo, de forma familiar, “la petite morte” (la pequeña muerte). La segunda manifestación física son las dos pequeñas marcas de los colmillos en el cuello, que simbólicamente representarán a la mujer como impura, ya poseída, sin redención. Metáfora de la desfloración virginal, de la primera sangre derramada en el acto de entrega ante el seductor impenitente. Especie de don Juan, conquistador eterno, carente de moral a quien no le importan los sentimientos de sus víctimas. Aquí ambas figuras se emparentan, don Juan y el vampiro, se trata de dos monstruos condenados a seguir, a continuar como 'pica-flor', abandonando a su suerte a su víctima, esa es su naturaleza. La dimensión sexual del estadio oral del vampiro es un sexo sin amor, un sexo sin culpabilidad, un sexo sin penetración, un sexo sin responsabilidad... y sin embargo profundamente preocupante para la sociedad y sus hombres.

El vehículo de esta sexualidad es la sangre, no el esperma. Ambos vehículos de vida. En la antigüedad, en la Edad Media, los pensadores escolásticos pensaban que el alma residía en la sangre. No que la sangre fuera el alma, sino que a través de ella el alma residía en el cuerpo. En la actualidad ya no pensamos que el alma se encuentre mezclada con la sangre pero, gracias a la bioquímica médica, le seguimos llamando “líquido vital”.

De ahí que los relatos de vampiros sean tan atractivos pues se trata de relatos que son a la vez profundamente morales y subversivos pues retratan la victoria del bien sobre el mal, de la religión sobre el anticristo, de la sociedad victoriana del siglo XVIII contra el mal venido del exterior, de oriente, al tiempo que nos hablan de las seductoras tretas del hombre frente a la buena mujer puritana, la sexualidad sin nombre, de la posesión simbólica y del robo del tesoro más preciado que la sociedad (masculina) ha cuidado durante tanto tiempo y que no está dispuesta a entregarselo a cualquiera, sobre todo si se trata de un moustruo seductor venido del extranjero; la virginidad femenina.

Tanto en la película de Coppola como en las modernas representaciones visuales de los valores burgueses y del romanticismo destacan el uso de los encajes, los colores negro y rojo, el terciopelo, la palidez de la piel, el retrato de la inocencia femenina, el hombre sin escrúpulos como depredador sexual y la lucha de la razón contra la bestialidad.

Pero no todos los protagonistas vampíricos son bellos y seductores. Solo los de mayor alcance e importancia. Los vampiros locales y regionales son mas bien 'feitos', muy próximos a la naturaleza y de instintos básicos. Hasta en los seres de ultratumba hay distinciones, grados y clases... y los bellos estan en la cúspide del orden social.

Las leyendas urbanas y los relatos contemporáneas sobre vampirismo están plagadas de 'primos' de menor rango, mas bien locales, atractivos solo en la medida en que sirven para causar miedo en la población local, diversión en los medios de comunicación e interés en la población general. De uno de ellos ya hemos hablado en otra ocasión anterior en este mismo blog, nuestro querido chupacabras.

jueves, 4 de septiembre de 2008

Sexo orgánico


Consejos de Greenpeace para tener sexo amable con el medio ambiente:

6. Esclavo de la pasión, no del petróleo

Si te gustan las emociones fuertes, entonces tal vez hayas intentado alguna vez usar algún objeto, ropa o accesorio de Policloruro de Vinilo, mejor conocido como PVC o vinil. El PVC genera algunos de los químicos más tóxicos que existen: las dioxinas y furanos. El uso de este material en los juguetes de los niños ha sido prohibido en muchos países. El PVC de la ropa y los juguetes sexuales también debe prohibirse, pues este componente está hecho con cloro y otras sustancias están consideradas como probables cancerígenos, además de que es un derivado del petróleo. En lugar de eso opta por accesorios de sustancias naturales como el caucho, látex o piel.

9. Sexo verde
Si te gusta el "spanking" asegúrate que las palas sean hechas de madera sustentable también. Hay muchas marcas en el mercado que puedes encontrar de madera certificada (sobre todo si las pides por Internet), usa aceite para masaje orgánico, ropa interior o de dormir orgánica también. Recuerda que el proceso de producción para algodón convencional y su blanqueado es uno de los más contaminantes que existen.

Más en: http://www.greenpeace.org/mexico/news/c-mo-enverdecer-tu-vida-sexu

martes, 20 de mayo de 2008

Brevísima Historia del Cuerpo I

Pensar en la historia del cuerpo es pensar en la civilización material que lo hace posible, es pensar en los modos de hacer y sentir, en las técnicas disponibles y en la lucha de los elementos. Más allá de la realidad biológica del cuerpo se encuentran los dispositivos a través de los que interpretamos sus significados: los prejuicios, las ideas preconcebidas, los temores, los deseos, los anhelos, las fantasías, las ambiciones, los recuerdos... Con las formas de experimentar lo sensible, con las formas de relacionarse. Las formas en que concebimos el cuerpo ha cambiado según las tradiciones, la civilización, los usos, la religión, las sectas, las clases sociales, las subculturas, la tecnología...


Pensemos, por ejemplo, en la diferente visión que Occidente y Oriente tienen del cuerpo. Para Occidente, a partir del Renacimiento principalmente, el cuerpo es representado como una suerte de maquinaria donde se encuentran superpuestos los músculos, las venas y arterias, los nervios y los huesos. Se trata de una visión anatómica. Mientras que en Oriente, en la tradición de la acupuntura china, el cuerpo carece de músculos, huesos y sistema circulatorio. El cuerpo es representado como una sucesión de energías invisibles que vienen del interior y contribuyen al bienestar y la salud. Aquí, el cuerpo es reflejo de otra realidad.


Históricamente los distintos pueblos y civilizaciones se han representado el cuerpo como parte del cosmos, como lazo de unión con los dioses y la naturaleza. Para los aztecas y mayas la práctica del sacrificio humano era necesaria para entrar en contacto con sus deidades su averiguar sus designios o para apaciguarlos. Mientras que para el derecho medieval el desmembramiento de los criminales en la plaza pública, a pesar de ser cristianos, estaba permitida porque se consideraba que el criminal se había puesto al margen de la sociedad al romper el pacto social entre los hombres, es decir, se había situado más allá de la comunidad de los hombres y sus normas de convivencia.


En la Grecia clásica el cuerpo era visto como una experiencia estética, la desnudez era vista con dignidad y no como algo vergonzoso. Cultivar el cuerpo y sus destrezas era parte de la educación masculina, educación expresada en las olimpiadas y las artes. Tan importante era la estética del cuerpo que aquellos considerados como deformes o inferiores eran estigmatizados, incluso expulsados de la comunidad o se les daba muerte, entre ellos a los deformes físicos. Los esclavos, principalmente los negros, eran representados como seres próximos a la animalidad, con un sexo enorme y casi idiotas de intelecto (proceso del que surgiría la creencia contemporánea en el tamaño desmesurado del pene de los negros). Por el contrario, las estatuas griegas suelen presentar a los hombres con un pene pequeño, símbolo de civilización al no dejarse llevar por sus instintos animales. Esta presentación del pene no contradice en lo más mínimo las fiestas carnales, en particular las Dionisias. Festividades en las que se rendía culto al pene, la faloforia, que hoy causarían escándalo y asombro. En estas celebraciones la presencia de estatuas y representaciones de falos eran completamente normales así como las orgías, el lesbianismo y la homosexualidad. Comportamiento al que debemos mucho de nuestra idea actual de hedonismo como búsqueda del placer, de la satisfacción, de evitar el sufrimiento.

También a los griegos debemos los signos del zodiaco, la influencia de las estrellas en la vida de los hombres en el día de su nacimiento "marcándoles" para toda la vida. De acuerdo a esta creencia son los signos zodiacales los que en adelante orientarán nuestros gustos, personalidad, la empatía con otras personas y servirán como guía para las acciones futuras. Otros pueblos que también vieron en las constelaciones un vínculo con el mundo terrenal fueron los babilonios y los chinos, pero con interpretaciones totalmente distintas a la de los griegos.

Con el advenimiento de la sociedad medieval asistimos a un desprecio por la carne, al cuerpo, que será visto como soporte y prisión del alma. Para la ideología cristiana lo que importa está en el interior; el espíritu. El cuerpo es transitorio y corruptible, medio a través del cual se mancilla al espíritu.

El Medievo conoció la práctica generalizada del ascetismo a través de prácticas como el ayuno, la auteridad, la mortificación de la carne, la penitencia y las privaciones de los placeres, prácticas encaminadas a la búsqueda de la perfección moral. Figuras que fueron abundantes en dichas prácticas lo fueron lod anacoretas, los ermitaños, los flagelantes, los monjes y los penitentes (que por sus privaciones nos recuerdan a otras figuras como los yogis y fakires).


Las hagiografías de los santos están llenas de historias y anécdotas en las que la penitencia y el sufrimiento de la carne conducirían a la limpieza del alma, a la enteresa moral. En épocas de ayuno, incluso, limpiar el cuerpo era sinónimo de mancillar el alma. La filosofía cristiana dominaba en la visión de los cuerpos. De esta época nos viene la jerarquización de las partes corporales en "nobles" y "vergonzantes", que tenían sus correspondientes prácticas. Las partes nobles eran aquellas que eran consideradas como más limpias y cercanas a Dios, al cielo: la cabeza, las manos y el corazón. Por contra, las partes vergonzantes eran las "sucias" y más próximas al mundo terrenal: los pies y las partes sexuales de hombres y mujeres. También se creía que las deformaciones físicas y las convulsiones epilépticas eran un castigo del cielo o el precio a pagar por mantener comercio con instancias malignas.


Se trata de una sociedad que aún no conoce la influencia de los virus, bacterias y gérmenes y se explica las enfermedades por el miasma (el aire fétido) y el desequilibrio en los líquidos que, se creía, gobernaban el cuerpo: sangre, sudor, bilis, orines y vómitos. De ahí que fuera frecuente realizar sangrías, para restablecer el equilibrio interior eliminando el exceso de "malos" líquidos. Estas representaciones del cuerpo y su funcionamiento determinaban no pocas cosas, entre ellos lo limpio y lo sucio, la sano y lo impuro, las prácticas y los gustos, las enfermedades y los remedios. La interpretación era básicamente moralizadora.

El fin de la sociedad caballeresca y el inicio de la sociedad cortesana marcará el proceso de la civilización que acompañará a Occidente en los siguientes siglos. Las cortes inician el control de las manifestaciones placenteras, corporales y las privatizan llevándolas a la intimidad, lo que a lo largo del tiempo supondrá la separación de la vida privada y de la vida pública, así como la disciplina corporal y sus maneras, etiqueta y comportamiento.


Con el Renacimiento la visión sobre el cuerpo vuelve a modificarse. Ahora la mirada es más "científica", gobernada por una concepción mecánica del cuerpo influenciada por las primeras vivisecciones de la época (aún prohibidas por la iglesia) que descubren los primeros órganos, músculos y sistemas del cuerpo humano. Visión que los lleva a comparar sus hallazgos con la mecánica y la física de su tiempo plasmada en relojes, fuelles, bombas, fuentes, engranajes y la hidráulica.


Es en esta época que la concepción medico-biológica iniciará su lento ascenso como concepción dominante sobre el cuerpo, entre otros motivos gracias a los trabajos del anatomista Andrés Vesalio, quien publica en 1543 De humani corporis fabrica (Sobre la estructura del cuerpo humano).


La Reforma protestante y la posterior Contrareforma católica crearán un contexto moralizador, acentuado por las pestes que acabarían con más de un tercio de la población europea. La vida es vista como algo transitoria, la vanidad es algo ridículo y la muerte está siempre cerca por lo que la vida debe ser vivida con sobriedad y moral recta.


La época es un sinónimo de penuria permanente, hambruna, guerras constantes, alimentos escasos y bienes materiales escasos. Varias familias podían llegar a compartir la misma casa, junto con las bestias, en las posadas de los caminos las camas se alquilaban a más de un inquilino a la vez, no era extraño que individuos desconocidos compartieran el mismo lecho nocturno... lo que motivaba la vigilancia colectiva en torno a los comportamientos sexuales. Tanto el naciente Estado como la Iglesia veían en el sexo como algo potencialmente peligroso para la seguridad colectiva, de ahí su preocupación por legislar sus prácticas y delimitar las prohibiciones. El sexo solo era legal cuando se destinaba a la procreación, e ilegal si se buscaba el placer.

La mujer era vista como un "hombre imperfecto", gobernada por sus pasiones antes que por su intelecto, de ahí su peligrosidad potencial para con la sociedad. Muchos de los crímenes sexuales de entonces siguen siendo los mismos que los de hoy día, pero sus contenidos y formas de ser concebidos han cambiado con el tiempo. Entre los crímenes sexuales que han desaparecido en las legislaciones actuales se encuentran los contra-natura (el sexo anal, lesbianismo, "desviaciones", zoofilia) y, entre los peores, el sexo con demonios y "monstruos" (como los castrati).


Los siglos XVIII y XIX sentarán las bases del canon occidental de belleza. Recordemos que era una sociedad profundamente estratificada y la clase burguesa, ya para entonces convertida en la clase dirigente, impone sus pautas de distinción y clasificación. También son los años que marcan los inicios de las primeras prácticas de salud pública, la tecnología cobra un importante protagonismo social, los trasportes aceleran los intercambios comerciales, aumenta la producción de alimentos, así como su calidad y disponibilidad.


El acceso a la ropa, a los alimentos, a la salud y a la ciencia cambiarán la idea, la concepción sobre los cuerpos. Si bien el capitalismo explota a los obreros su fuerza de trabajo las luchas obreras le extrajeron al capital las conquistas laborales; mejores habitaciones, fin de semana, jornada laboral, prestaciones, vacaciones, etc. Es decir, un aumento en las posibilidades de recreación y consumo de las masas obreras y asalariadas...