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lunes, 15 de julio de 2013

¿Existe de verdad el porno feminista? (tomado del suplemento S Moda, de El País)

¿Existe de verdad el porno feminista? Hoy varias realizadoras escriben y producen películas X. Su llegada a la cúspide se traduce en un nuevo cine adulto que persigue respetar los derechos de los actores y mostrar placer genuino. María Ovelar 14 de julio de 2013 08:00 h. Para muchos, no existe. Es una entelequia. El porno feminista es tan X como el resto del género. Y punto. No necesita ser catalogado. O tal vez sí. Sus defensores lo describen como un movimiento, un concepto y una filosofía. «Es más que porno hecho por y para ellas», dice la realizadora Tristan Taomino. «Se trata de un circuito antirracista y anticlasista que desafía las convenciones y las normas sobre la sexualidad. Se dirige a un público que quiere ver sexo ético, consensuado por todas las partes», sentencia. Y aboga por el respeto de los derechos de los actores, incluso cuando ruedan géneros extremos como el gonzo o el hardcore. Las cifras desmienten los estereotipos. El sexo explícito gusta a las féminas. Una tercera parte de los adultos que ve pornografía online son mujeres, según la medidora de audiencias Nielsen. Y cerca de 13 millones de estadounidenses lo consumen al menos una vez al mes, según la cadena CNN. En Francia, más de lo mismo: el 82% de las mujeres y el 99% de los hombres aseguraron ver porno en un sondeo reciente del instituto IFOP. El estudio Hustler Video (parte del imperio de Larry Flynt) va más allá: el 56% de sus clientes son chicas. Más datos elocuentes: Candida Royalle, realizadora del género, despacha 10.000 cintas al mes. Nada mal en un época donde casi nadie paga por el ocio. Y en Holanda triunfa Dusk!, un canal porno solo para ellas. «Las actrices siempre han sido las estrellas. Para la prensa y el público, son ellas las más reconocibles, aunque ha habido excepciones, como Rocco Siffredi», opina la actriz porno Stoya. La estructura está mutando; a las mujeres no les basta con protagonizar las cintas, ahora también quieren llevar la batuta. Cada vez hay más que se ponen detrás de la cámara, escriben, producen… «El mainstream sigue monopolizado por hombres, pero hay más chicas inteligentes e íntegras en puestos de influencia. El porno está provocando una revolución cultural», opina la directora Erika Lust. «El mainstream es predecible, se trata de una fórmula manida: aparecen muchas mujeres, pero sus orgasmos no se ven porque solo importa el masculino. Las escenas clásicas terminan con un plano de semen. Es un error, porque la sexualidad masculina es más compleja y porque este cine convierte a la mujer en objeto. Pero el problema no es el porno, es la sociedad. El cine X refleja una cultura sexista, clasista, racista, homofóbica y transfóbica», nos explica Maxine Holloway, de 28 años y responsable de la web Cum & Glitter. Y añade: «El porno machista triunfa, pero las cosas están cambiando. Si ofrecemos calidad, la gente se vuelve exigente». Tiene un poso académico. La mayoría de los impulsores del porno feminista ha ido a la universidad y muchos escriben. De hecho, se acaba de publicar The Feminist Porn Book (The City University of New York), un ensayo firmado por varios catedráticos. «El objetivo de los directores es forrarse. Las realizadoras tenemos un bagaje cultural y llegamos al sector con objetivos diferentes: queremos transmitir un mensaje, divulgarlo y cambiar mentalidades. Nuestra inteligencia sexual y emocional suele ser mayor que la de ellos», argumenta Erika Lust, responsable de Lust Films, su propia productora. «Con mi obra, hago política y educo. Plasmo mi filosofía en cada escena y creo un cine que destierra el egoísmo y con el que se identifican hombres y mujeres». Esta sueca afincada en Barcelona, politóloga y políglota, acumula siete películas, 13 premios y cuatro libros. La feminización de los estudios de cine X –todavía tímida– arrancó hace 10 años pero tiene sus raíces en los años 80, con cineastas como Annie Sprinkle, antigua prostituta y doctorada en Sexualidad humana, y Nina Hartley, capaz de enganchar a miles de fans con cintas teóricas sobre el sexo. «El boom se debe a Internet y a la reducción de los costes de producción, marketing y distribución», tercia Lorraine Hewitt, directora creativa de The Good for Her Feminist Porn Awards, unos galardones con ocho ediciones detrás, más de nueve países representados y 500 asistentes al año. «Cuando los fundamos estaba claro que existía un nicho, pero faltaba repercusión. También echábamos de menos una definición. En estos años hemos aprendido que no se trata de una fórmula encorsetada: las cintas feministas tienen un ritmo, un tono y un contenido diferente». ¿En qué coinciden? «Mujeres u otros colectivos como los trans participan en la producción y dirección. Son obras éticas que muestran placer genuino; es decir, los actores se corren y disfrutan. Este cine sí pone cachondo». Para algunos, es puro marketing. «Se trata de un planteamiento comercial y oportunista. Se me ocurren cientos de filmes que tratan sobre los mismos temas y que no se catalogan así. Las etiquetas deben responder al sexo practicado, porque el objetivo es excitar, y cada uno necesita estímulos diferentes. El porno feminista es minoritario, cada vez más mujeres compran el de toda la vida», razona Juli Simón, director del Festival Internacional de Cine Erótico de Barcelona. El catalán no es el único que pone peros al movimiento. «Tener vagina no te convierte en directora feminista. El cine adulto es comida rápida, por eso el porno feminista es una paradoja», argumenta a S Moda Gail Dines. Esta activista antiporno y catedrática de Sociología empezó a luchar contra la industria hace 30 años. «El género es más violento hoy que hace tres décadas, se ha tansformado en fenómeno de masas y la sociedad se ha sexualizado. Me encantaría ver imágenes sexuales y feministas, pero no se producirán jamás porque no son rentables». Pero ¿qué hay de las intérpretes del porno en clave femenina? No son las típicas actrices X, con cuerpo de bisturí. Escriben, graban discos, posan en campañas de moda y actúan en Hollywood. Su precedente es Sasha Grey, una californiana que saltó a la fama gracias a la serie de televisión El séquito y que ha actuado para Steven Soderbergh (The Girlfriend Experience) y Nacho Vigalondo (Open Windows). Conforman una nueva categoría, una insospechada especie dentro del gremio. La de la actriz-marca. Stoya rueda cine X durante 46 días al año. Su estudio, Digital Playground, le paga por no hacerlo durante los 319 restantes. «Mi antiguo compañero de piso me hizo unas fotos para unas webs de chicas en toples. Le pedí que las guardara porque no sabía si me iba a arrepentir. Al final me animé», nos cuenta. Entonces tenía 19 años. «Dos años después firmé un contrato con Digital Playground. Buscaban actrices tipo Sasha Grey. Alucinaron con el éxito de mi primera película X, no se lo esperaban», afirma. Es una rara avis. No le gusta tomar el sol, cita a Hunter S. Thompson en las entrevistas y organiza happenings donde lee novela erótica mientras la masturban. «Me encanta escribir y actuar y eso me ha ayudado a construir una marca», admite. Viste de Vivienne Westwood, escribe en la revista Vice y firma ensayos sobre sexo en Tumblr. Su artículo en The Guardian, sobre la normativa que obliga a los actores a llevar condón en los rodajes de Los Ángeles, fue sonado (suma más de 500 comentarios). «Entró en vigor en enero. Es absurda. Desde 2004 se han rodado 350.000 escenas sin preservativo. No ha habido casos de sida. Nos sometemos a exámenes de enfermedades de transmisión sexual cada 28 días. Cuestan 180 dólares (138 euros). Si hay alguno que da positivo, se anula la filmación. Los beneficios de la productora Vivid bajaron un 15% cuando empezaron a usar las medidas de precaución; si los ingresos disminuyen, los sueldos también, y no se podrán pagar los 4.500 dólares (3.454 euros) anuales que cuestan los tests». Jessie Andrews es otra estrella de las redes sociales. Y del porno. Esta californiana de 21 años suma más de 50.000 seguidores en Instagram; cerca de 140.000 en Twitter y más de 22.000 en Facebook. «Una amiga mía trabajaba como extra, me comentó lo que ganaba por enseñar las tetas. No lo dudé, me motiva el dinero y me da igual lo que piensen de mí», afirmaba en Vice. Ha transcendido a la industria. Muchos de sus fans no han visto sus filmes. Es modelo, dj e it-girl. Su línea de bisutería, Bagatiba, se vende en Topshop, tiene una colaboración como diseñadora con Hype, ha sido imagen de American Apparel, posado para Terry Richardson y rodado un videoclip con Miley Cyrus. Pero el intérprete de porno feminista por excelencia no es una mujer. Es un hombre. Porque el cambio de mentalidad no debería entender de géneros. James Deen, de 27 años, es famoso por susurrar palabras calientes al oído de sus compañeras de reparto. Y por negarse a rodar escenas que menosprecien e infravaloren a la mujer. Este californiano también dirige y produce películas. Su blog recibe más de 10.000 visitas diarias, muchas son de adolescentes que lo veneran como a Justin Bieber. Deen es el novio de Stoya. Juntos forman el tándem comercial perfecto. Ya ha dado el salto a Hollywood: el actor protagoniza The Canyons, de Bret Easton Ellis, cuyo estreno podría producirse este año.

jueves, 4 de septiembre de 2008

Sexo orgánico


Consejos de Greenpeace para tener sexo amable con el medio ambiente:

6. Esclavo de la pasión, no del petróleo

Si te gustan las emociones fuertes, entonces tal vez hayas intentado alguna vez usar algún objeto, ropa o accesorio de Policloruro de Vinilo, mejor conocido como PVC o vinil. El PVC genera algunos de los químicos más tóxicos que existen: las dioxinas y furanos. El uso de este material en los juguetes de los niños ha sido prohibido en muchos países. El PVC de la ropa y los juguetes sexuales también debe prohibirse, pues este componente está hecho con cloro y otras sustancias están consideradas como probables cancerígenos, además de que es un derivado del petróleo. En lugar de eso opta por accesorios de sustancias naturales como el caucho, látex o piel.

9. Sexo verde
Si te gusta el "spanking" asegúrate que las palas sean hechas de madera sustentable también. Hay muchas marcas en el mercado que puedes encontrar de madera certificada (sobre todo si las pides por Internet), usa aceite para masaje orgánico, ropa interior o de dormir orgánica también. Recuerda que el proceso de producción para algodón convencional y su blanqueado es uno de los más contaminantes que existen.

Más en: http://www.greenpeace.org/mexico/news/c-mo-enverdecer-tu-vida-sexu

sábado, 5 de julio de 2008

Brevísima historia del cuerpo (II)

La Primera Guerra Mundial traerá consecuencias importantes en la presentación de los cuerpos. Sobre todo Norteamerica será el protagonista de tales cambios, pues mientras los hombres peleaban en Europa las mujeres se encaminaron a las fábricas para suplir la mano de obra necesaria en el esfuerzo bélico, lo que a la postre modificaría las relaciones de fuerza entre los géneros.

En primer lugar el corsé dejaría de usarse pues el hierro necesario para su fabricación se empleo en la construccción de barcos de guerra. Esto aligera la vestimenta haciéndola mas suave. la maquinaria industrial y los trabajos pesados exigían modificar el vestido y los peinados, al grado que este movimiento se volverá una moda en los años 20 y 30, cuando arriba la moda a la "garçonne": cabello corto, ojos y labios bien maquillados, vestidos vaporosos, piernas descubiertas, cinturas estrechas, depilaciones y la moda por la estatura alta. La nueva vestimenta señala una elección: la búsqueda de la comodidad, acentuada posteriormente con el uso de los pantalones. Es una nueva representación de la mujer, lejos ya de las modas burguesas de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, cuando las mujeres llevaban faldas largas y cubrían sus brazos hasta la muñeca.


Ahora la representación femenina es el de un cuerpo fino, "liberado", independiente, activo. Con la belleza física determinada culturalmente cambian los valores y se crean nuevos mercados al tiempo que se abren nuevos espacios para la mujer en la sociedad. Como en la novela El gran Gatsby, de F. Scott Fitzgerald, la nueva libertad femenina es presentada como permisiva, que multiplica sus aventuras sexuales y es trasgresora. En cambio, la famosa bailarina norteamericana Josephine Baker, por ser negra, por sus exóticos atuendos (falda de bananas) y bailar a pecho descubierto en sus presentaciones, será objeto de múltiples fantasías y objeto de controversias.

El posterior 'boom' económico amplió las necesidades de nuevos mercados de trabajo abriéndose para las mujeres nuevos puestos: secretarias, dactilógrafas, telefonistas, oficinistas... Todavía a principios del siglo XX era inconcebible que una mujer fuera secretario, en esa época aún todos eran hombres. El acceso de la mujer al mercado de trabajo la liberó de la tutela masculina, ya no dependía del dinero paterno ni del esposo, ahora recibía sus propios ingresos, su propio salario. En adelante ya no rendiría cuentas a nadie, solo a sí misma y se cumpliría, gastaría, en sus propios gustos. Bien ha dicho el gran historiador inglés Eric Hobsbawm, el siglo XX no empezó en 1901, sino después de la I Guerra Mundial. Es entonces cuando hay un verdadero sentimiendo de haber pasado de una época a otra.

La nueva imagen de la mujer conjuga estética con independencia, la vida activa con la belleza física. Movimiento que se verá asentuado por el desarrollo de nuevos instrumentos y prácticas de la presentación pública de la mujer: espejos de mano, polveras, lápiz labial, perfumes, bolsa de mano y una amplia y creciente plétora de accesorios. Hay una imagen que cuidar. Nace y se desarrolla la cultura del retoque.

En las costas se vive también otra revolución desde 1880. Es la invención de la playa. No que la playa no estuviera ahí, sino que cambia su uso. Antes era empleada sólo como lugar de paseo, era inconcebible que la gente se metiera al mar a nadar, no como actividad placentera. Con el paso de los años cada vez más gente irá a la playa a nadar y relajarse. Reflejo de profundos cambios; aumento del tiempo libre y uso de las vacaciones, desarrollo de los trasportes y vías de comunicación, infraestructuras in situ (bares, restaurantes, hoteles, tiendas).

Con la creciente disminución en el tamaño y forma de los trajes de baño y la creciente asociación entre vida al aire libre y vida sana cambia el paradigma existente en la cultura occidental hasta entonces vigente y que se mantuvo durante cientos de años. De la piel blanca pasamos a preferir, a considerar como más bello y sano la piel bronceada. Los famosos paraguas de encajes, muy monos, que usaban las mujeres de buena sociedad en el siglo XIX no eran para cubrirse de la lluvia, sino del sol. Entonces se consideraba que una mujer de piel blanca era sinónimo de buena cuna pues era una mujer que no tenía necesidad de trabajar y exponer su cuerpo a las inclemencias del tiempo, mucho menos del sol. Con la cultura de la playa, las crecientes actividades al aire libre y el sinónimo de" mujer que trabaja es mujer independiente" crece la cultura del bronceado. Una piel bronceada sera en adelante positivamente más valorada que una piel blanca. Pero el bronceado no lo es todo. La mirada y los valores sociales soportan mejor la 'desnudez' de la mujer, la depilación se abre camino, ya no solo en el rostro femenino, también lo hará en las piernas, axilas y brazos y los trajes de baño se volverán más ajustados y breves.

Mientras en Europa y Norteamérica se impone cada vez más la delgadez y el vigor como ideal femenino, en América Latina predominan como ideales de belleza mujeres más "rotundas", con más curvas, pechos y caderas abundantes y cinturas breves. Sin que la diferencia sea absoluta sí testimonia preferencias distintas.

Los primeros concursos de belleza, cuyos antecedentes datan de los años 20, inauguran la dictadura de las medidas. Hasta fechas recientes se calculaba el peso según la estatura, de forma que una mujer que midiera 1.60 mts. debería pesar 60 kgs., pero para los años 70 se consideraba como "ideal" para 1.60 mts. un peso de 55 kgs. Esta relación es importante pues cambia la idea de estar "gorda" y estar "bien", de ser alto o ser bajo, en forma o no. Hoy el modelo idealizado por los medios de comunicación es el de las medidas "perfectas", los famosos 90-60-90, que son muy recientes, apenas de los años 60 y 70. Mientras que esas medidas se han mantenido mas o menos constantes lo que ha cambiado, peligrosamente para la salud de muchas mujeres, es la estatura. Mientras que antes se consideraba ideal medir 1.70 hoy se pide a las modelos de pasarela 1.75 mts. y que su peso sea de 56 kgs.

El primer concurso de belleza se estableció en los Estados Unidos en 1921, Miss America, seguido por otros, como Miss Francia en 1928 y Miss Europa en 1929. Las sociedades no estaban del todo preparadas para estos eventos, además con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, las preocupaciones eran otras y las competencias quedaron pospuestas para mejor situación. No se reestablecerían sino hasta finales de los años 40. El primer concurso de Señorita México se celebró, al parecer, en 1928 pero fueron suspendidos desde 1929 hasta 1947, celebrándose en 1948 el segundo concurso. Miss Universo se celebró por primera vez en 1950 y en 1951 Miss Mundo, que se hizo como competencia de aquel, pero con la diferencia de que en éste se exhibia a las mujeres en el recién inventado bikini (1946). Nuevamente las protestas de la sociedad llevan a la supresión del bikini y la imposición del traje de baño, quedando Miss Mundo como hermano menor de Miss Universo.

El anglicismo "Miss" confirma la expansión de la cultura norteamericana, de la cultura de masas y de la cultura de la imagen (a través de películas, canciones y revistas). Mientras que en México el uso de la palabra "Señorita" en los concursos de belleza femeninos tiene una connotación tradicionalista, conservadora, moral. En México "señorita" es sinónimo de virgen, de "no casada", de "buena" familia.

Los concursos de belleza para hombres tendrían su turno años después. En México el primero de ellos no se celebró sino hasta 1997; "El modelo del año", de la mano de la cadena de tv Televisa.

Hoy la imagen de la mujer está demasiado ligada a la apariencia física, lo que en cierta forma fomenta el eugenismo, el mejoramiento de la raza a través de la búsqueda de características eliminando ciertas enfermedades y padecimientos a través de los genes (genética), tal como hacemos con las vacas, caballos y perros, para que den más leche, corran más rápido o tengan pedigrí. El uso de "barbies" es eugenésico, desde este punto de vista, pues proyecta modelos físicos como ejemplo para los demás.

Reflejo de los cambios en las costumbres y la moral que se proyectan directamente sobre los cuerpos, en la apariencia. El problema recide ahora en tomar como único referente de verdad a la belleza física. Por otra parte, el cuerpo es claramente una combinación de referencias individuales y colectivas. Más allá del sustrato biológico del cuerpo, éste se encuentra profundamente atravesado por lógicas culturales, políticas, económicas, sociales, religiosas y filosóficas. El cuerpo es algo más que mera biología.